lunes, 22 de febrero de 2016

Una historia para contarle a los nietos

Una historia para contarle a los nietos

Se dedicó exclusivamente 15 días antes del rescate a entrenar y ensayar con la cápsula. Fue el primer hombre en tener contacto con los 33 de la Mina San José luego de 70 días de encierro y fue el único en estar solo a casi 700 metros de profundidad. Opacado por esta experiencia, su pasado como futbolista cuando era joven, pasó a segundo plano. Hoy guarda en un rincón de su casa, los recuerdos de uno de los momentos más enriquecedores de su vida. Manuel González tiene más de una historia que contarle a sus nietos.

Por Tomás Guíñez

Seis hombres rodean la cápsula. Revisan los tanques de oxígeno y deciden cambiarlos por otros nuevos. A un costado, mira atentamente Manuel González, el primer hombre en bajar a las profundidades de la Mina San José. Luce un overol naranjo, un arné negro y un casco blanco con su nombre y grupo sanguíneo. Hay nervios y tensión, pero él está tranquilo, a pesar del pequeño imperfecto que pudo tener la cápsula antes. Conoce el hoyo de memoria porque estuvo varios días antes revisando un video que simulaba la bajada.

Se afinan detalles y da un paso adelante. Entra a la cápsula para pasar a la historia. “Vamos saliendo todos, todos atrás. Manuel, que le vaya muy bien y lo esperamos luego” le dice una persona del equipo. Justo antes de bajar, otra persona se le acerca y le aconseja “como si estuvieras en la playa, tiradito en la playa”. Son las 23 horas con 19 minutos y la “Fénix 2” comienza el descenso. Con gritos apoyando a Manuel y los aplausos del presidente, se inicia el rescate minero quizás más grande de la historia, con millones de personas a nivel mundial siguiendo el minuto a minuto desde sus hogares y con un rancagüino como protagonista.

Exactos 17 minutos después, la llegada de la cápsula a la mina para muchos y el mismo protagonista fue parecido a la llegada del hombre a la luna. La transmisión de ese momento no estaba prevista, pero un cambio de planes a última hora y la intromisión del presidente Sebastián Piñera para que sea exhibido por la televisión, hicieron que pudiera llegar a ser una imagen inolvidable. Hoy Manuel lo recuerda con emoción: “Yo soy bien emotivo y me costó, pero me puse duro porque tenía que estar duro. Ellos se emocionaron, me abrazaron. A muchos les cayeron lágrimas. Yo sinceramente entré a los partos de mis dos hijos y esta cosa fue parecida”.

Su vida antes de la mina

Aníbal González le debe su posición de delantero a Manuel. Los dos comenzaron a los 16 años su etapa de juveniles en O´Higgins de Rancagua, cuando competían por la titularidad en el puesto de 10. Por sus características, Manuel terminó siendo el titular y Aníbal tuvo que pasar a ser el 9 del equipo. “Al final el supuestamente era más técnico que yo y en el fondo quedó el jugando de titular de 10 y a mi me mandaron de 9. Ahí hicimos los tres años de la juvenil y gracias a Dios despues fuimos al primer equipo también”, recuerda Aníbal.

Esas características que lo hicieron quedarse con el puesto, según recuerda su ex compañero, son la técnica, su gran capacidad para habilitar y la velocidad que tenía, además de ser, como se dice, el reloj del equipo: “Manuel marcaba mucho los tiempos, como cualquier otro mediocampista, hacía la pausa, hacia el cambio de ritmo, todo. En el fútbol siempre es necesario que jugadores marquen la diferencia, marquen el partido, vean la pausa, que eso es lo importante dentro de un equipo”.

Luego de su debut en el primer equipo, parte en busca de más oportunidades en Club Deportes Arica, donde se queda por cuatro años, hasta antes de dejar la actividad. Manuel comenzó su actividad en el fútbol jugando en un ligas amateurs. En una oportunidad, jugando el “Campeonato de los Barrios”, terminó como goleador del torneo y ahí fue cuando O´Higgins despertó su interés en él, siendo el primer gran paso, hasta los 25 años, cuando colgaría los botines por ingresar a la minería. “Tenía una lesión que igual era recuperable, pero al mismo tiempo me ofrecieron ingresar a la mina y es un trabajo bastante estable, así que decidí y entré”, recuerda Manuel González

Eran tiempos distintos. Uno para entrar a la mina tenía que postular y en base a unos exámenes físicos y psicológicos, era que te seleccionaban. Como le fue bien, Manuel entró como obrero, el puesto más básico de la mina. Siempre con las ganas de poder estudiar y hacer profesional la carrera, el segundo año, gracias a los turnos que tuvo, pudo entrar a estudiar en horario vespertino, hasta que con los años sacó Ingeniería en Administración de empresas.

A la mina

Las imágenes son claras. Cuando llega la cápsula al refugio de los mineros se escuchan los aplausos y los abrazos se multiplican por 33. Desde la transmisión se escucha la felicidad que había arriba en la oficina de control. Era el primer contacto con alguien nuevo luego de 70 días. Manuel González estaría ahí por 25 horas, sin dormir ningún minuto, viendo bajar y subir la “Fénix 2” hasta que fuera su turno, el último viaje.

Para el año 2010, Manuel llevaba 20 años trabajando en la minería y cumplía 12 integrando el equipo de rescatistas cuando tuvo que entrar en acción. Cristián Barra era el representante del presidente en la operación. Comenta que nada en el proceso del rescate fue al azar. Después de tener el hoyo de la perforación y haber construido la cápsula, era el turno de los rescatistas. “Trajimos al jefe del equipo de rescatistas de Codelco a nivel nacional, el que los capacita y el que los forma. Le pedimos que hiciera la mejor selección de rescatistas que tuviera y llegó con ese equipo, en el que venía Manuel. Llegaban por su experiencia, por su capacidad. Eso lo definieron los equipos de Codelco, que son los que entienden”.

15 días de entrenamiento previo fue el plan que cumplió el equipo total de 16 rescatistas y que además de gente de Codelco, contaba con integrantes de la Armada, gente del GOPE de Carabineros y otros integrantes de mineras locales. Ubicado a casi dos metros aproximadamente, el equipo tenía una zona de entrenamiento con una perforación similar a la del hoyo original y en la que practicaban con la cápsula “Fénix 1”. Hasta el mismo día del rescate, ningún rescatista sabía si era parte de los 6 que iban a bajar ni tampoco el orden del descenso, para evitar con eso que el rescatista entrara en estado de nervio. Se hicieron trabajos psicológicos, test, ensayos y aquel que se comportó y se veía en mejores condiciones, era el que estaba destinado a bajar primero.

Jorge Rebolledo es compañero de trabajo de Manuel hace 25 años y también participó en el rescate. Cuenta que en la mañana del 12 de octubre del 2010, cuando fue el rescate, los seleccionados para descender en la “Fénix 2” fueron notificados uno por uno, de manera personal y secreta, sin que nadie a parte de ellos supiera. A la prensa y al público, se le dio conocimiento cerca de las 19 horas, cuando el momento se acercaba.

Lorena Alcota, esposa de Manuel y con quien tiene dos hijos, ese día, luego de trabajar, iba llegando a su casa en la localidad de Gultro, cuando una compañera le informa que su marido esta en la nómina para bajar y que sería el primero. Al no creerlo, intenta llamar a su marido, pero no hubo mas contacto hasta que todos los mineros subieron. “Llego, veo la TV y dicen “el primer rescatista en bajar se llama Manuel González, es casado, de Rancagua, tiene dos hijos” y evidentemente era el. Estaba tensa”.

Laurence Golborne era el Ministro de Economía a la hora del rescate, comenta que horas antes de que Manuel bajara, el poco diálogo que hubo fue para dar apoyo. “Las instrucciones fueron dadas en las sesiones de entrenamiento antes del rescate. En las conversaciones previas a su bajada, solo se le dio ánimo y se le recalcó que lo primero era tomar las precauciones para evitar cualquier riesgo adicional”.

Manuel iba con una tarea especial. No sentía nervios, solo la ansiedad de que todo terminara bien, como lo venían esperando desde que comenzaron con el primer trabajo en el entrenamiento. La misión que se le encargó, fue ver el estado del hoyo, si presentaba algún agujero o si había un desprendimiento. Mientras bajaba, el único contacto que había era un monitoreo de sus condiciones, por lo demás, todo tipo de diálogo que había, era de carácter técnico.

Una cámara que mostraba en la oficina las condiciones del que estaba en la cápsula, sufrió un imperfecto y dejó de funcionar. En un momento del rescate, hubo un problema también con la puerta de la “Fénix 2”, pero en todo momento Manuel mantenía la calma. La mina abajo crujía, el lugar donde estaban trabajando se ubicaba a 40 metros del lugar del colapso. “Lo que pasa es que el cerro siempre cruje y yo estoy acostumbrado, trabajo en una mina subterránea con explosivos y tronaduras. Estábamos con la precaución de estar revisando siempre el sector”.

Misión cumplida Chile

Cuando subió el último minero, los seis rescatistas extendieron un lienzo con la frase “misión cumplida Chile”. Era el turno de que la cápsula llevara a la superficie a los  rescatistas. En el orden inverso al que bajaron, fueron subiendo. Llegó el momento de los últimos tres viajes de la “Fénix 2”. Manuel González se quedó solo por unos minutos. Le bajó el cansancio, el sueño y la preocupación por cómo debe estar su familia. Estando abajo, luego de 25 horas, pudo hacer un contacto telefónico con Lorena. “No, si ya llegó, voy a subir ahora, tranquila” le decía Manuel. En ese momento, su señora y sus dos hijos se dan cuenta de que los vecinos se aglomeran afuera de su casa. Su hijo abrió la puerta y todos fueron a ver cuando subía, en lo que sería el último viaje hasta nunca más.

Una vez que llegó arriba, dialogó con Sebastián Piñera. Como anécdota, Cristián Barra cuenta que Manuel “siempre decía que el momento más dificil fue cuando tuvo que hablar con el presidente más que todo el rescate, porque estaba preparado para todo, menos para eso”. El ex presidente le preguntó cuál era su reflexión y Manuel respondió que “ojalá no pasara nunca más esto, ojalá los legisladores, la gente que hace las leyes, las personas importantes del país, los empresarios, los que tienen las grandes mineras se preocupen más de la seguridad de la gente que de la plata”.

Luego de que fueran los vecinos, fue la prensa la que se acercó hasta las cercanías de su casa. Manuel marcó una cobertura mediática grande. Una vez, pasadas las dos de la madrugada, sonó el teléfono. Era desde Singapur para hacerle una entrevista: “Estamos durmiendo, les dijimos, llámenos a tal hora”. 

En Chile se hizo conocido. Fue invitado a distintos programas, desde matinales hasta estelares. “Las primeras dos semanas estaba lleno de canales de televisión casi todos los días y yo encerrado, no podía ir al supermercado porque mucha gente se te abalanza. Es difícil cuando no lo sabes manejar, pero yo afortunadamente soy más reservado. Al principio era en parte medio complicado, porque tu vida privada también se va.” Comunicacionalmente, el primer mes estuvo respaldado por su empresa, pero de ahí en adelante se manejó solo. Llegó un momento en el que estas fueron tantas, que tuvo que sacar boletas electrónicas luego del rescate.

Un día, con lentes, gorro y un abrigo para camuflarse, fue a comprar al supermercado. Mientras Lorena buscaba otros productos, él fue al sector de fiambrería. Sacó número, y espero su turno. De un segundo a otro, se le acercó una señora, le tocó el hombro y le dijo “¿vio el número que le tocó?” Era, casualmente, el 33. Como si no fuera poca coincidencia, recuerda que la escuela donde estudió, era la Escuela Carlos Miranda N°33. 

Hoy Manuel González cuenta con orgullo como fue parte del equipo de rescate. A pesar de que fue su nombre el que más quedó en la memoria, siempre se ha preocupado de destacar el trabajo del equipo entero. Dice que es una experiencia enriquecedora, sobre todo cuando tiene la oportunidad de participar de charlas o eventos. En un rincón de su casa, guarda sus recuerdos de la enriquecedora experiencia. Tiene colgado el casco que usó al momento de bajar, en una caja tiene piedras extraídas de la mina y a un costado una de las “plumas” con las que les mandaban alimentos y objetos para abajo. Pero su objeto más preciado, es la medalla bicentenario que le otorgó el gobierno de Sebastián Piñera, junto con una réplica en miniatura de la “Fénix 2”. Sin duda, Manuel González tendrá más de una historia para sentar a sus nietos y hablar y hablar…